Desde el descubrimiento de Lucy, uno de nuestros ancestros evolutivos más cercanos, hasta los restos de los hombres de Denisova, pasando por los hobbits y los neandertales, el estudio de la historia de nuestra especie y nuestros hermanos más próximos, nos ha sorprendido en muchas ocasiones y se ha escrito y reescrito otras tantas. Pero siempre la sorpresa ha dependido de un factor, al menos para el análisis genómico: el hallazgo de huesos. Hay que sacar los huesos, parafraseando a Sabines, para que nos hablen de su muerte -o su vida-.

Viviane Slon, y el resto del grupo de Svante Pääbo, del Instituto de Arqueología Evolutiva del Instituto Max Planck de Alemania, acaban de encontrar a alguien más para interrogarlo sobre nuestro pasado: sedimentos, simple polvo. Si bien polvo somos, y polvo estelar seremos ¿por qué no buscar restos de nuestros antepasados en él?

“Hasta ahora se ha logrado obtener ADN de megafauna” -como mamuts, o perezosos gigantes- “el poder aislar ADN de homínidos es un avance muy importante” comenta para Cienciorama el investigador mexicano Federico Sánchez, del Centro de Biología Evolutiva de la Universidad de Uppsala en Suecia, quien no participó en este estudio, pero es experto en análisis de ADN de neandertales y denisovianos, miembros como nosotros, del grupo de los homínidos, nuestros hermanos evolutivos. Con esta nueva técnica se “pueden corroborar muchas de nuestras hipótesis y servir para generar otras” continúa.

Por otra parte Viviane Slon comenta para Cienciorama “Somos los primeros en obtener ADN de homínidos a partir de sedimentos, de una cantidad muy pequeña de sedimentos, más o menos lo que cabe en una cuchara para té”.

Los investigadores tomaron 85 muestras de siete sitios arqueológicos distintos a lo largo de toda Europa, algunos con restos de homínidos, otros sin ellos. Si bien la muestra es pequeña, el proceso no es sencillo. Dentro de esa cucharadita de sedimento, hay restos de ADN de muchas otras especies, y en mayor cantidad que el ADN de homínidos. Lo que Slon y sus colaboradores de Europa y Australia hicieron, fue pescar y amplificar los pocos residuos de ADN que se encontraban en la muestra.

Nuestro ADN está presente en dos unidades distintas de nuestras células. Por un lado, está el ADN de los cromosomas que están en el núcleo y por otro, el ADN de las mitocondrias, el organelo donde se fabrica la energía de las células y que nos son heredadas por nuestras madres. Mientras que cada célula contiene un solo núcleo, en su citoplasma hay miles de mitocondrias, por lo tanto su ADN es más abundante, y éste fue el tipo de ADN en el que se enfocaron Viviane y sus colaboradores. No sólo por ser más abundante y por lo tanto más fácil de recuperar, sino porque evoluciona a un ritmo más rápido que el ADN del núcleo. “Esto hace que las diferencias evolutivas sean más contrastantes aun cuando las especies son muy cercanas, como es el caso de los homínidos” explica Federico Sánchez Quinto “poder diferenciar entre un neandertal y un humano moderno es lo que nos permite eliminar la contaminación inherente al proceso de muestreo, y enfocarnos en los antepasados que deseamos analizar”.

Con los análisis previos realizados con huesos de neandertales y hombres de Denisova, la Dra. Slon y su equipo pudieron diseñar anzuelos que les permitieran pescar solamente el ADN mitocondrial de los homínidos de entre el ADN de toda la fauna de su muestra. Así obtuvieron secuencias que están conservadas dentro de los homínidos, pero lo suficientemente diferentes de otros primates y vertebrados. “Nuestro método mostró ser bastante específico y eficiente. Recuperamos ADN de estratos de hasta 240,000 años de antigüedad” comenta Viviane “creo que podríamos llegar a analizar sedimentos de hasta 430,000 años, y seguir obteniendo buenas muestras de ADN”.

Las siete cuevas que estudiaron son sitios arqueológicos, ya sea porque hay restos de huesos de homínidos, o herramientas, o huesos de animales con marcas o algún indicio que apunte a la presencia de nuestras especies cercanas. El grupo de la Dra. Slon logró encontrar ADN de homínidos en todas las cuevas, confirmando su presencia y así lo reportan el día de hoy, 27 de abril, en la revista Science.

“Logramos comprobar que el método funciona. Ahora que lo sabemos, podemos empezar a hacer análisis en más sitios donde no se han encontrado restos ni indicios de la presencia de homínidos. Podríamos trazar las rutas de migración de estas especies” presume Slon. ¿Podrían encontrar y analizar ADN de especies de homínidos que no se han descubierto por no haber encontrado huesos aún? -le pregunto- “Sí, con este método es posible” responde.

Es muy probable que nuestro pasado evolutivo se siga reescribiendo muchas veces más en los siguientes años gracias a técnicas como éstas. Aunque eso yo no lo sé de cierto, sólo lo supongo.

 

Fuente: Viviane Slon, Charlotte Hopfe, et al Neandertal and Denisovan DNA from Pleistocene sediments. Science, Published online 27 April 2017 10.1126/science.aam9695

Imagen: Marie Soressi obteniendo una muestra del sedimento del sitio arqueológico de Les Cottés en Francia. Crédito: Matthew Wilson. Imagen obtenida con permiso del autor.


Publicado originalmente en Cienciorama

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