Los arrecifes coralinos de todo el planeta están en peligro de desaparecer. La contaminación de los océanos y el cambio climático ejercen un gran estrés en sus vidas. Pero el mayor peligro para ellos es un voraz depredador, la estrella de mar conocida como corona de espinas.

“Estas estrellas se comen el coral y le imponen un estrés adicional porque se reproducen mucho, y de pronto hay una explosión de estas estrellas devorando coral. El problema al que nos enfrentábamos es que no había manera de controlarlas”, comenta para Cienciorama  la investigadora mexicana Selene L. Fernández del Laboratorio Nacional de Genómica para la Diversidad (LANGEBIO), del Cinvestav”.

Las estrellas corona de espinas tienen a su vez un depredador, el tritón gigante (Charoniatritonis). Sin embargo, este caracol no logra mantener a raya la población de corona de espinas. En un intento por contenerla se capturan manualmente una por una y se les inyecta veneno. “Pero no es eficiente”, dice la Dra. Fernández.

En un artículo publicado el 5 de abril, en la revista Nature, Selene y sus colegas de la Universidad de Queensland, en Australia, coordinados por Sandie y Bernard Degnan del Centro de Ciencias Marinas de dicha universidad, proponen tender una trampa efectiva para las corona de espinas, utilizando el mismo idioma químico que ellas usan para comunicarse.

“Si observas a las corona de espinas, notarás que a veces se reúnen muchas en un solo lugar para comer o reproducirse. Otras veces, cuando perciben que hay depredadores cerca, rompen el grupo y se alejan de la zona”, explica Selene Fernández Valverde. Es claro que hay una comunicación entre ellas, que emiten y reconocen señales químicas que viajan en las corrientes, y que utilizar dichas señales podría facilitar alejarlas de un lugar específico como el arrecife de coral, por ejemplo, y hacer que se junten todas en otro lugar, como una trampa. “Pensamos que al estudiar esto e implementarlo, el control de su población iba a ser mucho más sencillo, y sin agregar ninguna sustancia ajena al ecosistema del arrecife”, nos señala Selene

Lo que los investigadores hicieron fue obtener muestras de las señales químicas o los mensajes en el agua de mar que rodeaba a las estrellas cuando se agrupaban o huían emitiendo señales, y del genoma completo de las corona de espinas que equivaldría a un diccionario para entenderlas.

El tipo de señales son proteínas, cadenas largas de aminoácidos que se aíslan y se analizan con un espectrómetro de masas. Así se conoce la secuencia de aminoácidos, y con ella se logra identificar en el genoma, el gen responsable de sintetizar esa señal.

La Dra. Fernández y sus colegas encontraron 108 de estas proteínas, es decir, 108 señales, de las cuales 71 las secretan las corona de espinas cuando se reúnen en grandes grupos, y 14 cuando huyen de algún lugar. Al identificar qué señales utilizan para agruparse, cuáles para huir y los genes que las producen, es posible reproducir las señales de manera eficiente y numerosa. Los genes de estas estrellas de mar se pueden insertar en bacterias que sinteticen las señales de manera continua, y después almacenar estas señales que son proteínas, para su uso posterior. Actualmente, el uso de estas señales como trampa se está probando en la gran barrera de coral australiana.

El estudio de estos investigadores no se queda ahí, porque los genomas nos permiten conocer mejor las señales de comunicación de los moluscos, que han sido muy poco estudiados hasta ahora. “Hay muchos organismos muy poco estudiados, tenemos que ampliar nuestros esfuerzos. Nos estamos perdiendo de mucho”, comenta Selene, quien realizó este trabajo como parte de su postdoctorado en Australia. “Especialmente en México, que es un país megadiverso, tenemos que hacer grandes esfuerzos y en conjunto con otros grupos para poder aprovechar la riqueza natural”, misma que nos puede proveer de nuevas herramientas biotecnológicas, o ayudarnos a preservar mejor un ecosistema.

Por estas razones, Selene ahora se encuentra en el LANGEBIO, estudiando el genoma del ajolote, un animal emblemático de México, que se estudia para comprender mejor la regeneración de extremidades como herramienta biotecnológica, y al mismo tiempo nos puede ayudar a proteger y rescatar el ecosistema de las chinampas de Xochimilco, un gran recurso natural.

 

Fuente: Hall, Michael R., Kevin M. Kocot, Selene L. Fernandez-Valverde et al. “The Crown-Of-Thorns Starfish Genome As A Guide For Biocontrol Of This Coral Reef Pest”. Nature 544.7649 (2017): 231-234. Web. 12 Apr. 2017. DOI: 10.1038/nature22033

Imagen: La estrella de mar Corona de espinas sobre un coral en las Islas Marianas. Fotografía de David Burdick para el NOAA’s Coral KingdomCollection. Bajo licencia de CreativeCommons (CC BY 2.0). https://www.flickr.com/photos/noaaphotolib/9687169966/

 


Publicado originalmente en Cienciorama

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