“Normalmente nos imaginamos a los neandertales con mazos y lanzas, tenemos una versión muy violenta de ellos”, me cuenta la Dra. Laura Weyrich de la Universidad de Adelaida en Australia. “Hemos encontrado que algunos llevaban una vida muy distinta”.

La Dra. Weyrich y sus colegas de la Universidad de Oviedo, en España, analizaron la placa dental de cuatro neandertales, dos provenientes de la Cueva del Sidrón, en España, y otros dos provenientes de la región de Spy en Bélgica. Uno pensaría que la placa dental de un individuo que lleva muerto más de 42,000 años, no nos podría decir mucho acerca de su vida, salvo que tenía una pobre higiene bucal. Pero los investigadores encontraron evidencias de una vida diaria neandertal hasta ahora insospechada.

La placa dental atrapa microrganismos que viven dentro de la boca, así como patógenos de los tractos respiratorio y gástrico, y también pedazos pequeños de comida atorada dentro de los dientes. “Estas placas protegen y guardan el ADN muy bien, impidiendo que se contamine con el paso del tiempo”, dice Laura a Cienciorama.

El ADN que recuperaron de los individuos de Spy les permitió reconstruir su dieta: “encontramos ADN de rinocerontes lanudos, borregos salvajes y algunos hongos silvestres –cuenta Laura, mientras me saboreo y pienso que sería lo último en cocina hípster–, no es de sorprenderse, es el tipo de animales y plantas que vivían en la región en ese tiempo. Pero los neandertales del Sidrón son muy distintos –confiesa la Dra. Weyrinch– su dieta es prácticamente vegetariana, comían piñones, musgos, también algunos hongos y corteza de árbol”.

Uno de los neandertales del Sidrón tenía un absceso en la mandíbula, y los análisis de ADN mostraron que tenía un parásito en su intestino, por lo que probablemente tenía diarrea y dolor constante. Quizá por eso masticaba la corteza de los álamos, pues contiene el mismo analgésico que se encuentra en las aspirinas que nosotros consumimos. Los investigadores también encontraron en la placa de este individuo, un moho con propiedades antibióticas que no se encontró en ninguno de los otros. Esto nos indica que los neandertales tenían bastantes conocimientos de herbolaria y medicina tradicional ¡desde hace más de 40,000 mil años!

La investigación de Laura Weyrinch, publicada hoy 8 de marzo en la revista Nature, también rompió record. En el análisis de la placa de un individuo adolescente del Sidrón, lograron obtener el genoma completo de un microrganismo –Methanobrevibacter oralis–, el más antiguo que se ha obtenido. Pero más interesante que eso es que este microbio –un comensal que vive en la boca– se asocia comúnmente con los Homo sapiens, no con los neandertales. “Normalmente pensamos en las interacciones humano-neandertal de manera violenta. Sabemos que en la historia hubo varias cruzas entre estos dos grupos que dejaron huella en nuestro genoma, pero asumimos que ninguna de estas interacciones fue placentera. La presencia de este microrganismo que vive dentro de la boca, sugiere que humanos y neandertales intercambiaron comida o incluso algunos besos”, propone la Dra. Weyrinch.

Aunque este neandertal en específico no experimentó ninguna de estas interacciones con humanos, ya que los Homo sapiens aún no llegaban a esa parte de Europa durante esa etapa histórica. El intercambio se debió de haber dado hace 180,000 años en el Oriente medio, y el microbio se mantuvo presente en ese grupo de neandertales, heredándose de generación en generación durante 140,000 mil años. ¿Entonces los microbios humanos llegaron a Europa antes que los propios humanos?, le pregunto a la investigadora: “sí, parece que eso es lo que pasó –me contesta–.

Laura seguirá haciendo más de estos análisis y buscará ahora conocer las vidas diarias de otras especies muy cercanas a nosotros, así como de los Homo sapiens durante los últimos 10,000 años de nuestra historia. Seguro seguirá sorprendiéndonos y ayudándonos a conocer más de nosotros. Estimados antepasados: espero que no se hayan lavado nunca los dientes.Imagen: La mandíbula superior de uno de los Neandertales en El Sidrón, en Asturias. Se puede observar la placa bacteriana en el diente de la extrema derecha. Crédito de la imagen: PaleoanthropologyGroup MNCN-CSIC.

Fuente: Laura S. Weyrich et al., “Neanderthal behaviour, diet, and disease inferred from ancient DNA in dental calculus” Nature 07/03/2017 doi:10.1038/nature21674


Publicado originalmente en Cienciorama

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