La colaboración es una de las herramientas más poderosas de la ciencia. Los científicos gustan de discutir ideas, de mostrar su investigación a los colegas de su ámbito y de otras disciplinas, para que con la fricción de las preguntas y del análisis proveniente de otro punto de vista, su trabajo no se rompa, sino se pula. Para que sea más preciso, más completo, y más bello.

Con esta visión en mente, la Dra. María Ávila Arcos, del Laboratorio Internacional de Investigación sobre el Genoma Humano (LIIGH) de la UNAM, organizó por segundo año, el Congreso Mexicano sobre Genómica de Poblaciones (MexPopGen2017). “Es un espacio relajado para compartir los proyectos que se están llevando a cabo en el contexto de la genética de poblaciones o genómica evolutiva” comenta la Dra. Ávila para Cienciorama. Ella se inspiró en la experiencia que tuvo en congresos similares: “Durante mi postdoctorado en la Universidad de Stanford participé en la organización del Bay Area Pop Gen Meeting. El formato y el ambiente del evento me gustaron muchísimo”. Así que decidió dar el paso “Se me ocurrió importar el concepto a México, donde ya se está formando una masa crítica de investigación en genómica poblacional.”

El MexPopGen2017 se celebró en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), el pasado 13 de enero, y reunió a antropólogos, genómicos, y paleontólogos ¿Por qué reunir estas disciplinas si lo que se va a estudiar es el ADN? Bueno, el ADN no sólo son las instrucciones para hacer a un organismo, es también un libro de historia. Pero leerlo no es sencillo. Las historias se degradan y se diluyen y hay que reconstruirlas.

Nuestros cuerpos se descomponen hasta transformarse en moléculas que se diluyen en el entorno. Lo mismo le sucede al ADN que hay dentro de los restos arqueológicos, se gasta y se degrada. Por eso Viridiana Islas estudiante del LIIGH, debe tener mucho cuidado al extraer y trabajar con las muestras de dos momias encontradas dentro de una cueva de la Sierra Tarahumara, con cerca de 900 años de antigüedad. Viridiana está interesada en saber cuál es el componente genético que permite a los rarámuris correr distancias tan largas, y si éste ya se encontraba en la población desde antes de la conquista. “No sé qué información voy a obtener” nos comenta Viridiana “pero estoy muy entusiasmada por las historias que pueda encontrar”. Aunque su proyecto apenas empieza, ya tiene algunos resultados y según marcas distintivas dentro del ADN de las momias, Viridiana ahora sabe que una de ellas no es rarámuri, sino que proviene de Jalisco. La antropología no sólo ayudó a la investigadora a encontrar los restos de las momias, sino que también le ayudará a presentar sus resultados de una manera más precisa y completa, más pulida.

El ADN, como las historias, se pasan de generación en generación, pero algunas se dejan de contar, o no se escuchan a menos que alguien pregunte por ellas, o se las cruce por serendipia. Así pasó dentro del Laboratorio del Dr. Andrés Moreno Laboratorio Nacional de Genómica para la Diversidad (LANGEBIO), del Cinvestav del IPN en Irapuato. Uno de sus proyectos es el de caracterizar mejor el componente indígena dentro de las poblaciones actuales de México, para lo cual han muestreado a muchos mexicanos a lo largo de todo el país. “Sabemos que el genoma del mexicano se puede dividir en el componente europeo, el componente indígena, y el componente africano”, me cuenta Javier Blanco, estudiante de dicho laboratorio. Ellos realizan análisis con los datos de los genomas para separar estos tres componentes, y poder enfocarse en el componente indígena. “Pero inspirados por los trabajos presentados en el congreso del año pasado, un compañero del laboratorio, Juan Esteban Rodríguez, decidió buscar si había algún componente asiático dentro de los genomas de los mexicanos muestreados”, relata Javier. “Nos sorprendimos bastante cuando los análisis arrojaron que había un claro componente filipino en el genoma de las personas provenientes de Guerrero”. La historia tiene una explicación sencilla para estos datos, entre 1565 y 1815, una embarcación muy importante atracaba en el puerto de Acapulco al menos una vez al año, la Nao de China. Este navío era llamado así porque a pesar de venir de Manila, transportaba principalmente productos chinos. Parece que la influencia de estos filipinos es mayor de lo que se creía.

La historia, la arqueología, y la genómica han evolucionado hasta un punto en que se necesitan unas de otras para poder explicar la mayor cantidad de sus avances y descubrimientos. Con las pláticas y resultados presentados en el MexPopGen, pude observar cómo los mexicanos están usando la ciencia para estudiar mejor a los mexicanos, y descubrir o precisar partes de nuestra historia y de nuestra cultura. Y que sus resultados, aunque no terminados como la mayoría de los que se presentan en congresos, nos sirven también para sorprendernos para ponernos a imaginar y proponer. Como lo haría cualquier científico.

El MexPopGen del siguiente año se realizará en el LANGEBIO. María Ávila nos cuenta acerca del futuro de estas reuniones “Espero que podamos seguir realizándolo por lo menos una vez al año, que vaya aumentando el número de participantes, sobre todo estudiantes, y que salgan muchas colaboraciones. Espero que se cree una comunidad padre en México en genómica poblacional y podamos trabajar en equipo. Igual estaría bien, como en esta segunda edición, que colegas de otros países latinoamericanos participen”.

Dentro del MexPopGen de este año se trataron otros temas como la evolución y análisis del genoma del maíz; la composición africana dentro de las poblaciones de Veracruz y la Costa Chica de Guerrero y el primer estudio de paleogenómica en México sobre restos humanos encontrados en el sitio de Cañada de la Virgen en Guanajuato. Pero de esto les contaré en mis siguientes notas.

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