Cuando los primeros europeos llegaron a Australia, encontraron unas aves pequeñas que consideraron lo suficientemente bellas como para ponerles el nombre con el que los antiguos griegos designaron a los espíritus divinos que animaban a la naturaleza: ninfas, que pertenecen al orden de los Psittaciformes, al cual pertenecen todos los pericos.

Los exploradores europeos no fueron los únicos que admiraron su belleza, y gracias a que las ninfas se reproducen con facilidad en cautiverio, hoy habitan como mascotas en todos los continentes. Las ninfas interactúan diariamente con sus dueños, y debido a esta interacción, aves y humanos intercambian bacterias mezclando su microbioma.

“Sobre el microbioma de gallinas y pavos se sabe mucho –comenta para Cienciorama la Dra. Mariana Peimbert, investigadora de la UAM Cuajimalpa– ya que están muy involucrados con el crecimiento y la ganancia de peso de las aves, características relevantes para la industria avícola. Hay pocos estudios sobre microbiomas de aves domésticas, sólo se conoce sobre las bacterias de las aves que nos pueden infectar, pero ¿qué pasa con las demás bacterias?”

Un animal no es sólo un animal, es él y las millones de bacterias que lo acompañan en cada momento, así que para conocer, estudiar, y entender mejor a cualquier animal, no sólo hay que estudiarlo a él, sino también a sus bacterias, a su microbioma. Gracias a este tipo de estudios, no sólo podremos cuidar mejor de nuestras ninfas, sino comprender más a fondo su interacción con el medio ambiente ya que de acuerdo a la Dra. Peimbert “estas aves también son aves invasoras en México; algunas de las mascotas se escapan y forman parvadas de vida libre que ocupan el nicho de pericos endémicos del país”.

Por esto la Dra. Peimbert, y Apolinar Hernández de la UAM Cuajimalpa, junto con Luis David Alcaraz del Instituto de Ecología de la UNAM, decidieron estudiar el microbioma de tres ninfas del mercado de Sonora en la Ciudad de México. Nos platica Mariana: “fue indispensable explicarle el proyecto a detalle a los vendedores para convencerlos de la seriedad de nuestras intenciones. Les llamó la atención que alguien se dedicara a estudiar los microbios de las aves sanas y no de las enfermas”. Y así, con mucho cuidado y sin lastimar a las aves, procedieron a tomar muestras fecales para estudiar el microbioma de sus intestinos.

El análisis de los resultados que obtuvieron, publicados en la revista PeerJ el pasado 22 de diciembre, muestra que lograron identificar 19,280 especies distintas de bacterias. La familia más abundante, con 57% de las especies, fue la Erysipelotrichaceae, de la cual se conoce poco, aunque algunas de sus especies también se encuentran en los microbiomas orales de personas sanas.

El equipo de investigadores también buscó entre las especies bacterianas, géneros de patógenos conocidos, como Escherichia, Chlamydia, o Mycoplasma, sin encontrar a ninguno de ellos.

Cuando se compara el microbioma de las ninfas con el de otro miembro del orden Psittaciformes, los kakapo, resulta que sus microbiomas tienen una composición muy diferente, uno no pensaría que son aves muy relacionadas. Esto debido a que la variable que explica mejor la diversidad del microbioma intestinal, es el tipo de dieta de cada organismo. Como era de esperarse, los kakapo y las ninfas llevan dietas diferentes; mientras los kakapo suelen comer frutas y plantas, las ninfas comen granos. Su microbioma es más parecido a las aves de corral que llevan esa misma dieta, como pollos y guajolotes, aunque tampoco son del todo idénticos.

La gran diferencia entre las bacterias del intestino de las aves de corral y de las ninfas tiene que ver con el por qué criamos a cada una de esas especies. Mientras a las ninfas las criamos porque se ven bonitas y son muy sociables, a las aves de corral las criamos para comérnoslas. La misma dieta de granos que llevan, les debe de ser suficiente no sólo para crecer y vivir, sino que deben de ganar peso de manera rápida. Las aves de corral -al igual que otros animales de engorda, como los cerdos-, logran hacer esto gracias a que en sus intestinos está presente una gran cantidad de bacterias llamadas Bacteroidetes, que están relacionadas justamente con la ganancia de peso. Como no tenemos intención alguna en comernos a las ninfas, este grupo de bacterias, no se encuentra presente en sus intestinos.

Estas conclusiones son importantes, pero debemos saber que aún hay mucho por conocer del microbioma de nuestras aves de compañía. “Lo ideal hubiera sido analizar más ninfas y de hecho tenemos muestras de varias decenas de ninfas y de otros psitásidos -pericos, guacamayas, cotorras-”. Nos cuenta Mariana “Sin embargo por cuestiones financieras no fue posible analizar todas las muestras.”

Estudiar microbiomas implica trabajar con gran cantidad de datos y muchas variables; además de ser un campo que se encuentra de moda dentro de las ciencias de la vida, por lo que hay quienes hacen este tipo de trabajos sólo porque son más sencillos de publicar.

“La clave al hacer un buen reporte de un microbioma, es ser cuidadoso al describir qué fue lo que se hizo, y no exagerar los resultados”, nos cuenta para Cienciorama el Dr. Jonathan Eisen, investigador de la Universidad de California en Davis, conocido entre los académicos por revisar casi toda la literatura sobre microbiomas y asignar el sarcástico reconocimiento Overselling the microbiome award -premio por sobrevender al microbioma-, a trabajos que no fueron bien realizados y exageran sus resultados. “El trabajo de la Dra. Peimbert y colaboradores se realizó de manera cuidadosa y arrojó resultados que son útiles. Es importante publicar este tipo de trabajos científicos” apunta el Dr. Eisen.

Fuente: Alcaraz LD, Hernández AM, Peimbert M. (2016) Exploring the cockatiel (Nymphicus hollandicus) fecal microbiome, bacterial inhabitants of a worldwide pet. PeerJ4:e2837 https://doi.org/10.7717/peerj.2837

Imagen: Ninfas del aviario “El nido”, en Iztapaluca, alimentándose de semillas al mismo tiempo que interactúan con un humano, e intercambian bacterias. Fotografía del autor

Para saber más del microbioma: “El microbioma humano” en Cienciorama: http://www.cienciorama.unam.mx/#!titulo/297/?el-microbioma-humano


Publicado originalmente en Cienciorama

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