La semana pasada el Centro de Investigación sobre Ballenas en Washington, Estados Unidos, anunció que Granny -abuelita-, la orca más longeva de las que se tiene registro con una edad estimada de 105 años, no se había avistado en las últimas semanas, y por lo tanto que se le debía considerar como fallecida.

Granny dejó un vacío difícil de llenar dentro de su grupo de orcas que habitan en los mares del océano Pacífico, cerca de las costas de Estados Unidos y Canadá. Estas ballenas son animales muy sociables que dependen de la hembra más longeva para decidir qué, cómo, y dónde cazar. Su experiencia suele ser de mucha ayuda, y la cooperación entre todos los miembros del grupo es indispensable.

Parte de estos comportamientos es lo que hace a las orcas un tema de interés para Darren Croft y su equipo de trabajo en la Universidad de Exeter, en Inglaterra. Pero hay otra cualidad que sólo poseemos las orcas, las ballenas piloto, y los humanos: la menopausia.

Evolutivamente, la menopausia es un misterio. ¿Por qué se detiene la reproducción si aún restan muchos años de vida y salud en las mujeres y hembras de estos grupos? Según las observaciones de distintos grupos de investigación, las orcas hembra dejan de reproducirse entre los 30 y 40 años de vida, pero suelen vivir más de 80 años, o incluso más de 100 como el caso de Granny. Su manera de socializar ofrece algunas pistas.

En un grupo de orcas, los miembros más jóvenes aprenden de los mayores cómo, qué presa cazar y cómo compartir la caza. “La cultura de las orcas así como su especialización en las presas son importantes para generar la estructura de un grupo”, comenta Darren Croft para Cienciorama. Que las abuelas como Granny cuiden de las hijas y nietas, nos da una pista de cómo pudo haber surgido la menopausia. “Pero no es suficiente -continúa Darren-, algo debe de detener la reproducción y la cooperación no basta para explicarlo.”

“Para entender la evolución de la menopausia, hay que entender cómo se forma la estructura del grupo -nos explica Croft-. Nuestro trabajo (publicado hoy 12 de enero en la revista Current Biology ) muestra que el conflicto de la reproducción entre madres e hijas puede explicar esta evolución”. Un grupo de orcas, como el de Granny que ahora cuenta con 78 individuos, es una gran familia. Ni los hijos ni las hijas de cada orca del grupo lo abandonan, y todos los apareamientos suceden fuera de él. Esto nos ayuda a saber qué tan emparentadas están cada una de las orcas con el resto del grupo. Una orca hembra joven se encuentra poco emparentada con los machos de su grupo, ya que sus padres son diferentes. Conforme van creciendo ella y sus crías -que a su vez tendrán sus propias crías-, su nivel de parentesco con su grupo va creciendo, pues los machos mayores van muriendo y los que van naciendo están directamente emparentados con ella.

El nivel de parentesco con el grupo es importante para las hembras en edad reproductiva, ya que les permite saber cuántos recursos destinarles a sus crías. Si no están tan emparentadas con el grupo, no van compartir tanto sus presas con el grupo en general y le dedicarán lo más que puedan a sus propias crías durante o después del embarazo. Pero las orcas mayores, como Granny, no se dan ese lujo, ya que todo el grupo o casi todo está directamente emparentado con ellas. Ellas deben de compartir por igual con el grupo y no enfocarse en las nuevas crías.

Esta diferencia entre los recursos destinados a las crías por madres nuevas y madres viejas es el conflicto del que habla Croft. Según su estudio, es 1.67 veces más probable que muera la cría de una madre vieja, que la cría de una madre joven. Este conflicto explica la evolución de la menopausia. Si las orcas siguieran reproduciéndose toda su vida, sus crías tendrían cada vez más probabilidad de morir, y los recursos gastados en ellas quedarían desperdiciados. Al detener por completo la reproducción después de cierta edad, las orcas se aseguran de que el mayor número de crías de madres jóvenes reciba recursos suficientes para sobrevivir los primeros años de vida.

Es probable que algo parecido haya pasado con los humanos, ya que nuestros grupos sociales se forman de manera similar a los de las orcas, y este mismo conflicto sea el que explique también nuestra menopausia. Al estudiar a estas ballenas, Croft logró explicarnos algo de nosotros mismos y de nuestra historia.

 

Fuente: Reproductive Conflict and the Evolution of Menopause in Killer Whales by Darren Croft, Rufus Johnstone, Sam Ellis, Stuart Nattrass, Daniel Franks, Lauren Brent, Sonia Mazzi, Kenneth Balcomb, John Ford and Michael Cant published in the journal Current Biology. http://dx.doi.org/10.1016/j.cub.2016.12.015

Imagen: Granny y su grupo de orcas. Copyright David Ellifrit, Center for Whale Research. Utilizada con permiso del autor.

También en Cienciorama “Huella cultural en el genoma de las orcas” https://tengaparaqueseentretenga.wordpress.com/2016/06/02/huella-cultural-en-el-genoma-de-las-orcas/

Más información sobre este grupo de orcas, en la página del Centro de Investigación sobre Ballenas: http://www.whaleresearch.com/

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