Sin murciélagos no hay tequila. Ni mezcal. La relación entre los agaves y los murciélagos nectarívoros es un amorío que lleva 12 millones de años sucediendo y uno depende del otro. Los murciélagos hocicudos (del género Leptonycteris) polinizan a los agaves al tomar el néctar de las flores que se encuentran al final de un tallo de hasta 10 metros de alto. Sí, la floración para los agaves es cosa seria. En este proceso invierten casi todos sus azúcares para poder ofrecer a sus murciélagos un néctar lo suficientemente rico como para que se alimenten sólo de él, y logren dispersar su polen lo más lejos posible

Los murciélagos no son los únicos que andan tras las dulces mieles de los agaves, también los tequileros y mezcaleros lo hacen pues sus azúcares son indispensables para el proceso de fermentación para la elaboración del tequila y el mezcal. Por esta razón quienes cultivan los agaves no dejan que éstos lleguen a su floración -que sucede una única vez después de ocho o 10 años-, necesitan esos azúcares para hacer tequila o mezcal -el tequila viene del Agave tequilana azul var Weber, mientras que el mezcal se puede producir de muchas especies distintas de agave, como el lechuguilla, papalometl, tobalá, o madrecuixe; que, además, se distribuyen en distintos estados de la república como Sonora, Hidalgo, Guerrero, y Oaxaca-.

El Dr. Rodrigo Medellin –mejor conocido como el Batman mexicano- y su estudiante Roberto Trejo, del Instituto de Ecología de la UNAM, han trabajado al lado de quienes cultivan el agave tequilero para generar una mejor relación entre estos cultivos y los murciélagos y aseguran que habrá beneficios para todos.

Fruto de este trabajo es la etiqueta Bat Friendly (Amigo del murciélago) que la UNAM otorgará a “los productores que permitieron que al menos el 5% de sus agaves cumpliera con la floración”. Roberto Trejo nos cuenta para Cienciorama que “Los murciélagos son los directamente beneficiados con esta medida porque el néctar de las flores del agave es un recurso que se les había limitado anteriormente, al no permitir la floración. La demanda de tequila, no sólo en México sino también en Estados Unidos -principal importador de este producto- se ha incrementado año con año, lo cual incentiva a que los cultivos de tequila también se extiendan. Por lo tanto, al utilizar más campos de cultivo se había olvidado por completo que esas zonas también eran ocupadas por otras plantas que proveían recursos para los murciélagos.” Y los estaba afectando.

Al permitir la floración de los agaves y con ello la visita de los murciélagos también fomenta el que haya una mayor diversidad en la población de los agaves utilizados para producir tequila y mezcal “el Agave azul utilizado para la producción de la bebida ha sido cultivado durante muchos años a través de la propagación clonal, es decir, son la copia de la copia. Promover que los agaves sean polinizados por los murciélagos -y de esta manera recombinen su ADN- es un esfuerzo por incrementar su diversidad genética a lo largo de varias generaciones.” Esta diversidad les permitirá enfrentar mejor los cambios en el clima o enfermedades. “Los productores que están participando activamente en el programa son conscientes de que ayudar a la conservación del murciélago es un beneficio para todos, no sólo para su producto” explica Roberto.

La etiqueta Bat friendly también es otorgada por el Tequila Interchange Project -una ONG que vincula a productores, gobiernos y consumidores, buscando una producción sustentable-, y se busca que los importadores de Norteamérica le den preferencia a los tequilas y mezcales con esta distinción, apoyando así a los productores que la consigan.

“Este proyecto se tiene contemplado a largo plazo y es un esfuerzo que apenas empieza”, declara Roberto Trejo. Pero sin duda es un gran paso para el bienestar de los murciélagos y de nuestras dos bebidas emblemáticas, el mezcal y el tequila. ¡Salud!

 

Imagen: Etiqueta prototipo Bat Friendly sobre botella de tequila mezcal (gracias a Marisol por la corrección). La oficial será un holograma. Fotografía Dr. Luis Eguiarte.

 


Publicado originalmente en Cienciorama

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