Por Sarah Zhang

Este artículo es una traducción del original que aparece en la revista WIRED

Durante su adolescencia, Charles Darwin abandonó la carrera de medicina porque era muy melindroso para aguantar las amputaciones. Terminó estudiando en Cambridge, donde pasaba horas en el campo coleccionando escarabajos. Lo anterior es una manera de decir Darwin era un nerd, y si estuviera vivo, estaría intentando coleccionar a todos los pokémones.

Esta comparación no la hago para sólo entretenerlos, o arrastrar el título Pokémon GO hacia un encabezado más. Por favor. Es más que eso, porque sin los coleccionistas de escarabajos, tal vez el mundo nunca hubiera tenido Pokémon.

Satoshi Tajiri, el creador de Pokémon, también era un coleccionista de insectos. Sus amigos de la infancia le decían Dr. Bicho. Él creció a las afueras de Tokio, pero conforme la ciudad se fue comiendo su pueblo, las terrazas de arroz, los enstanques, y los bosques por los que paseaba, desaparecieron. “Los lugares donde uno puede atrapar insectos son escazos”, le dijo a la revista TIME. “Los niños ahora juegan dentro de sus casas, y muchos se han olvidado de atrapar insectos. Yo también me había olvidado”.

Así que creó Pokémon: “un mundo virtual rebosante de una biodiversidad de ficción”, que es como lo describe Jon Mooallem en su libro Wild Ones (Mooallem también escribe la columna Mr. Know-it-all en WIRED). En los noventa, Pokémon significaba intercambiar tarjetas, una serie de televisión, y juegos de Game Boy en los que mis amigos y yo pasábamos horas apretando furiosamente los botones, mientras estábamos en la casa, en la escuela, o en el coche. Pero con Pokémon Go, ese mundo virtual se ha sobrelapado con el mundo real. Y al aventurarse al exterior, la gente se está encontrando con la biodiversidad real.

(¡Intenté atrapar un pokémon y atrapé un escarabajo!)

 

El coleccionar insectos era la manía Pokémon de la época victoriana, y Darwin era un obsesivo. Una vez, como lo narra él mismo en su autobiografía, después de que ya tenía un escarabajo en cada uno de sus puños, encontró un tercer escarabajo muy raro: “no podía permitir que se me escapara, así que me metí a la boca el que se encontraba en mi mano derecha. ¡Pobre de mi! El escarabajó secretó un fluido intensamente caústico, el cual quemó mi lengua y me obligó a escupir el escarabajo, el cual se perdió junto con el tercero”. (Una jugada de principiantes, es como si hubiera intentado atrapar a Mewtwo con una Poké bola normal).

Al coleccionar escarabajos en Cambridge, Darwin fue entrenando su paciencia y su ojo para el detalle, los cuales usaría después para documentar meticulosamente los picos de los pinzones y los caparazones de las tortugas en las Galápagos. Con Pokémon, Tajiri picó en ese mismo impulso por coleccionar y catalogar. Ustedes no necesitan que yo se los diga, pero Pokémon se hizo tan popular, que en el 2002 científicos británicos encontraron que, para los niños era más fácil identificar a los pokémones ficticios, que a los robles o a los tejones. “Los conservacionistas necesitan reestablecer el lazo entre los niños y la naturaleza, si es que se quieren ganar los corazones y las mentes de la siguiente generación” escribieron los científicos en su artículo. “¿Es el Ecolomon el camino a seguir?” Casi seguro que no. Pero por otro lado, está Pokémon GO.

Durante el fin de semana, Morgan Jackson, un estudiante de posgrado de la Universidad de Guleph, observó como los tweets sobre Pokémon GO iban creciendo. Jackson creció jugando Pokémon -él jugaba el Rojo, mientras que su hermano jugaba el Azul-, así que pasó mucho tiempo coleccionando criaturas ficticias. “Ahora soy un entomólogo, y hago exactamente lo mismo, excepto que ahora es real”, dice Morgan. Así que tuvo una idea: #PokéBlitz, una versión de “bioblitz”, que es a lo que se llama cuando varios científicos y voluntarios deciden inspeccionar la vida salvaje de un área en particular.

 (Si tienes tu Pokedex de #PokemonGo memorizado, pero encontraste una especie viva que no reconoces, ¡aquí estoy para ayudarte a idetificarla! #PokeBlitz)

 

Por su parte, Asia Murphy, creó un templado llamado #PokémonIRL, una ficha para que la gente mande tweets con fotos y datos de la verdadera vida silvestre. “No esperaba mucho”, dice Asia. “Pensé que el hasshtag moriría a las pocas horas”. No lo ha hecho. Irónicamente, tanto Jackson como Murphy, me dijeron que no han jugado Pokémon GO -Jackson porque vive en Canadá y Murphy porque no ha logrado que la app funcione en su teléfono.

Más irónico aún es que Pokémon GO -el descendiente de un juego diseñado para crear la ilusión de la naturaleza-, no funciona fuera de la ciudad. El juego utiliza lugares del mundo real que los usuarios ingresaron en un juego previo llamado Ingress, y la mayoría de esos usuarios eran urbanos. Los pokémones aparecen dentro de casi cualquier población grande de humanos, pero en las áreas rurales, desaparecen. La ciudad se apoderó de la naturaleza. Tajiri creó Pokémon. Y Pokémon GO se apoderó de la ciudad.


El traductor de este artículo atrapó una pequeña lagartija ayer en Cuernavaca. Con el mismo impulso por documentar y coleccionar, le tomó una foto. Decidió tuitearlo al #PokeBlitz e inmediatamente obtuvo una respuesta:

pokelizard

(@BioInFocus atrapé a este amigo #PokeBlitz )

respuesta

@ElAgusdeKomodo ¡Qué bonito! No le alcanzo a ver bien las piernas, pero probablemente @AlongsideWild lo reconoce.

@BioInFocus @ElAgusdeKomodo Puedo decirte que es un gecko, pero se me complica ser más específico, sobretodo sin datos de la región donde lo encontraste.

Y al final mi amigo Lorenzo Segovia nos dió la respuesta detallada:

 

Nada mal, ¿qué han encontrado ustedes?

Anuncios