Por Jason Silverstein

Este artículo es una traducción del original que aparece en PLoS Blogs

La batalla entre las víctimas de la epidemia de cólera en Haití y las Naciones Unidas (ONU) podría compararse a la historia clásica de David y Goliat, pero en este caso, Goliat ni siquiera se ha presentado a la batalla.

La razón es que a las Naciones Unidas se le ha otorgado “inmunidad sobre cualquier tipo de proceso legal” – incluso cuando expertos en salud pública creen que los cuerpos de paz de las UN son los responsables de la epidemia de cólera en Haití, la cual desde octubre del 2010 ha infectado a más de 750,000 personas, y matado a más de 9,000. (Aunque un artículo reciente de investigadores de Médicos Sin Fronteras sugiere que puede haber “una tasa de mortalidad substancialmente mayor a la reportada”).

No obstante, el 9 de enero de 2015, el juez de Distrito de Estados Unidos J. Paul Oetken rechazó una demanda colectiva presentada por el Instituto de Justicia y Democracia de Haití. Pero en marzo, el Segundo Circuito de Cortes de Apelación accedió a revisar la decisión de la Corte de Distrito. La decisión de los tres jueces se está pendiente.

Las Naciones Unidas no deberían de ser capaces de apelar a su inmunidad para evitar la justicia. La convención de 1946 que les otorgó esa inmunidad, también les generó una responsabilidad. No puede omitir sus responsabilidades. Más bien, según la convención, las UN “deberán de proveer la infraestructura necesaria para sus campamentos”. Pero en este caso, las UN se han negado ha hacerlo.

Las Naciones Unidas debería de rendir cuentas por el papel que jugó en una de las epidemias de cólera más mortales en los últimos años. Hay quienes argumentan que se podría aprovechar mejor el tiempo deteniendo la epidemia, que buscando al culpable que la inició. Aunque esa lógica convence a los miembros de organizaciones de élite, hace poco por gente como Lisette Paul, una de las participantes en la demanda colectiva. Su hermano, Fritznel, contrajo la enfermedad mientras trabajaba en el campo. Fritznel vomitó y tuvo diarrea durante siete días seguidos hasta que murió. Los gastos médicos y funerarios hundieron a su familia en deudas. Poco tiempo después, la familia ya no podía costear el mandar a la hija de Fritznel a la escuela. El sufrimiento de Fritznel, Lisette, y demás personas en una situación similar, no debería de ser pasarse por alto por la prevención de un daño a futuro. Estas personas deben de tener un foro que escuche sus demandas, y las UN deberían de proveerlo.

No hay duda de que la actual epidemia de cólera en Haití es un desastre generado por el hombre. La pregunta es qué o quién fue responsable. El cólera es una infección bacteriana que causa diarrea y vómito; y, si no se detiene, eventualmente deshidratación y en algunas ocasiones, la muerte. Pero esta enfermedad no había estado presente en Hiatí desde hace al menos 100 años. Entonces ¿cómo término ahí en octubre del 2010?

La respuesta simple, es que fue debido a la actividad humana en el sur de Asia. Un grupo de expertos en salud pública identificaron a la cepa de cólera en Haití, y era igual a una proveniente del sur de Asia. Otro grupo encontró un argumento circunstancial, de que la enfermedad provenía de un campamento de las fuerzas de paz de la ONU en Nepal. Antes de que las tropas de la ONU llegaran a Haití, había una epidemia de cólera en Katmandú, la capital de Nepal. Menos de dos semanas antes de los primeros reportes de cólera en Haití, Associated Press reportó una fosa séptica desbordada, con un “penetrante olor a excremento”, y “un apestoso fluido negro” saliendo de los caños del campamento hacia el río Airtibonite, que abastece a 1.5 millones de haitianos.

La ONU no niegan estos hechos. De hecho, organizaron un panel independiente de asesores que llegaron a las mismas conclusiones. Inluyendo las afirmaciones de que la cepa de cólera proviene del sur de Asia, y que la epidemia en Haití sucedió “como un resultado de la actividad humana”.

cholera

Vibrio cholerae, la bacteria causante del cólera creciendo en una caja petri. Flickr VeeDunn CC BY 2.0.

 

Pero el reporte que presentó el panel de la ONU llegó a una conclusión diferente. Aunque aceptan que alguna persona llevó el cólera a Haití, argumentan que nadie debe de ser culpado. Su razón es que este accidente fue un resultado “de muchas circunstancias juntas”. Entre esas circunstancias estan: el rol que juegan los haitianos al esparcir la enfermedad, una cepa de cólera particularmente letal, y las malas condiciones de hidráulicas y del agua del país. En efecto, para cuando empezó la epidemia de cólera, apenas un 17% de la población de Haití contaba con la infraestructura para separar los desechos humanos, del contacto humano.

El argumento de “muchas circunstancias” hace poco más que culpar a la víctima. Su lógica es que, si Haití hubiera tenido mejor infraestructura hidráulica, el cólera no se hubiera esparcido.

¿Eso significa que alguien puede contaminar el desagüe con impunidad? “Desde una perspectiva legal, es completamente irrelevante” dice Brian Concannon, el director ejecutivo del Instituto por la Justicia y Democracia en Haití (IJDH). “Si la ONU introdujeron negligentemente esta enfermedad a un ambiente que ellos sabían que era débil, de todas maneras, legalmente, es su responsabilidad”.

De todas maneras, este no es un juicio trivial. Daniel Lantagne y el resto del panel de la ONU dieron dos razones para esto. Primero, no hay un enlance sustentado científicamente entre las tropas de paz y la edpidemia. Alguien más del sur de Asia pudo haber ido a Haití en esa época, y aunque la probabilidad es muy pequeña, pudieron haber transportado esa cepa. Segundo, la introducción del cólera fue, sin lugar a dudas, un accidente y no un acto deliberado.

Esto sólo genera más preguntas que esperamos la ONU respondan. Nadie piensa que las tropas de paz hayan contamido el suministro de agua a propósito. Si ellos tenían la enfermedad, puede que no tuvieran idea de ello. De hecho, es posible ser completamente asintomático. Pero eso no justifica que no hayan sido examinados para saber si tenían la enfermedad. Después de todo, una epidemia de cólera fue reportada el 23 de septiembre de 2010 en Katmandú, donde las tropas de paz estuvieron entrenando por tres meses. A las tropas se les realizó un examen médico antes de viajar a Haití. ¿Por qué no se buscó al cólera? Un artículo reciente en PLoS Medicine reporta que las pruebas de diagnóstico rápido cuestan sólamente $2.24 usd por persona, y un profiláctico de una sóla dosis cuesta, a lo mucho, $1.32 usd por persona.

Aunque sean tachados como los únicos culpables, sería injusto castigar a las tropas de paz. Ellos no eran expertos. Las tropas son mayoritariamente contratadas de países pobres por la ONU por $1,028 usd por soldado al mes.

Pero eso no significa que nadie pudo haber previsto el daño. Sólo dos días después del terremoto de enero del 2010, el Centro Nacional de Inteligencia Médica de los Estados Unidos, escribió que “esperaba que los daños en la infraestructura de las tuberias urbanas, y de las alcantarillas, generaran un aumento en las enfermedades diarréicas, incluyendo posiblemente al cólera”. Incluso si un accidente o muchas circunstancias juntas, fueron las que esparcieron el cólera, las preguntas éticas importantes son: ¿cuándo se conocieron estos datos y por quién?

No sólo quienes son ajenos a la ONU como Brian Concannon y el IJDH, le exigen a esta organización que escuche las demandas de las víctimas del cólera. Gustavo Gallón, en su primer reporte como el experto independiente de la ONU sobre los derechos humanos en Haití, pidió una “indeminización para las víctimas del cólera”. Dado que la ONU proclamaron que las víctimas de violaciones a los derechos humanos deben de ser capaces de buscar indemnización, Gallón nos recuerda que, fallar a esta condición sería hipócrita.

En octubre del 2015, cuatro relatores de la ONU se unieron a la petición de Gallón argumentando que “las víctimas del cólera deberán tener acceso a un mecanismo transparente, independiente, e imparcial; que pueda revisar sus demandas y juzgar la virtud de dichas demandas para asegurar una indemnización adecuada, que incluya restitución, compensación, satisfacción, y garantía de no-repetición”.

Recientemente, el subsecretario general de las Naciones Unidas, Jan Eliasson, escribió una carta diciendo que “el secretario general y yo estamos completamente comprometidos en asegurar que esta organización cumpla con sus obligaciones hacia los derechos humanos”. Sin embargo, la carta no menciona ninguna compensación monetaria, ni algún “mecanismo transparente, independiente, e imparcial” para revisar las demandas.

El cólera ha infectado a uno de cada catorce haitianos. Ellos merecen un foro oficial que examine por qué pasó esto y quién es el responsable. Gente como Claudine,otra de las demandantes del IJDH, quien gastó todos sus ahorros en enterrar a su padre, debe de ser indemnizada. Hasta el día de hoy, ninguna indemnización va a suceder.

 


 

Traducido por Agustín B. Ávila Casanueva

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