Fotografía tomada en el 2008 del Telescopio del Polo Sur, que mide 10 metros, y el telescopio BICEP, en la Estación del Polo Sur Amundsen-Scott. (Keith Vanderline/National Science Foundation vía Reuters)

 

Por Sarah Kaplan

Dos pequeñas avionetas volarán al Polo Sur esta semana para evacuar a trabajadores dentro de la estación de investigación Amundsen-Scott. Una hazaña que muy pocas veces se ha intentado a la mitad del invierno antártico.

Kelly Falkner, la directora de los programas polares de la Fundación Nacional de Ciencia (que está a cargo de la estación en el Polo Sur), dijo que al menos un empleado estacional de la empresa Lockheed Martin requiere de un tratamiento médico que no está disponible en la estación y necesita ser retirado. Existe la posibilidad de que también se rescate a un segundo empleado. Falkner no pudo dar más detalles acerca de la motivación médica detrás de este rescate por razones de privacidad.

“Tratamos de tomar en cuenta todos los riesgos involucrados antes de tomar decisiones”, dijo Falkner. Algunos de los factores a considerar son: la condición de los pacientes, la seguridad de la tripulación de las avionetas, y las necesidades de las 48 personas que están pasando el invierno en la estación Amundsen-Scott.

“Nos tomamos las cosas muy en serio antes de tomar esta decisión” dijo la directora.

Cada año cerca de 50 personas pasan el invierno en la estación Amundsen-Scott, la mayoría de ellos empleados por la Fundación Nacional de Ciencia (NSF por sus siglas en inglés), o la empresa Lockheed Martin. Estas personas ayudan a darle mantenimiento la estación; supervisar el monitoreo constante de la atmósfera y el cambio climático; conducir una investigación sobre la historia temprana del universo, utilizando dos radio telescopios; y observar el comportamiento de partículas subatómicas utilizando el Observatorio de Neutrinos IceCube que se encuentra dentro de la estación.

Los intentos de evacuación como el que se está por realizar son extremadamente raros, en los 60 años que lleva operando la estación del Polo Sur, sólo se han intentado dos. El frío brutal y la oscuridad absoluta que cubren a la Antártida durante el invierno austral, hace que los vuelos a la estación sean casi imposibles. En 1999, una médico que se descubrió un tumor canceroso en su seno derecho se atendió a sí misma –incluso realizando su propia biopsia y administrándose su propia quimioterapia- durante casi seis meses, hasta que el clima cedió lo suficiente para que un avión de rescate lograra llegar. Una década después, la administradora de la estación sufrió un accidente cerebrovascular, generando una discusión muy tensa acerca de si era posible extraerla de la estación o no.

“Estamos atrapados en un lugar al que es más difícil de llegar que la Estación Espacial Internacional” dice Ron Shemenski, un médico que trabajó para la estación polar, quien en el 2001 se convirtió en la primera persona en ser evacuada durante los oscuros meses invernales. “Sabemos que estamos por nuestra cuenta”.

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En esta foto del 2003, un Twin Otter vuela alejándose del Polo Sur (Jason Medley / NSF).

 

Entre febrero y octubre sólo un tipo de aeroplano es capaz de volar hasta la estación polar, aterrizar, y despegar: la pequeña Twin Otter. Dos de estas avionetas, que son resistentes y a prueba del invierno, administradas por el servicio polar canadiense, van camino hacia el sur, informó Falkner. Cada una de ellas lleva un piloto, un copiloto, un ingeniero, y un médico. Una vez que lleguen a la estación británica Rothera, en la isla de Adelaide, harán una parada donde una de las avionetas, junto con su tripulación, se quedará para asegurar la capacidad de búsqueda y rescate en caso de que la otra falle.

La segunda Twin Otter continuará hacia el Polo Sur, volando hacia el crudo frío y la noche impenetrable (la temperatura actual en Amundsen-Scott es de -63 °C). Si todo sale bien, podría llegar el 19 de junio a la estación, aunque eso depende de si los pilotos logran encontrar una oportunidad de vuelo dentro del brutal invierno antártico.

“Es un vuelo de 10 horas, y sólo llevas combustible para 12 o 13” comenta el piloto de Alberta Sean Loutitt. “Hay que estar monitoreando el clima todo el tiempo, pero eventualmente llegarás a un punto de no regreso. Entonces debes de llegar al Polo, no importa qué pase”.

Louttit fue el piloto de Kenn Borek durante la misión para evacuar a Shemenski en el 2001. Antes de esa hazaña de rescate, nadie había volado a Amundsen-Scott a través de la noche polar. Se asumía que era algo que no se podía hacer.

Esa creencia es parte de una mitología sobre el Polo, dice Shemenski. “Es una actitud de macho,” recuerda, “después de que se va el último avión, estás varado ahí por seis meses. Esa era tu situación.”

Pero mes y medio después de que ese último avión partiera, en abril del 2001, Shemenski empezó a sufrir dolores en el estómago y a vomitar en repetidas ocasiones. Siendo él el médico de la estación, se autodiagnosticó con pancreatitis.

El médico estaba determinado a no irse de la estación, argumentando que podía atenderse y tratarse a sí mismo (tanto así que para cuando la misión de rescate llegó, él ya estaba en proceso de recuperación). Pero la NSF consultó a un médico experto en esos casos, quien diagnosticó que la probabilidad de Shemenski de morir en los siguientes seis meses que restaban antes de que volvieran los vuelos normales, era del 50%. Los oficiales encargados de la estación aclararon que, aunque Shemenski tenía el derecho de aceptar esa probabilidad y decidir quedarse, no podían ellos arriesgarse a dejar al resto de sus 49 colegas sin un médico en la estación.

“Es como estar en el ejército” dijo Shemenski “me ordenaron que me fuera. Así que me fui”.

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El último atardecer del Polo Sur. 20 de marzo del 2016. (NOAA)

 

Los oficiales llamaron a la fuerza aérea de Estados Unidos, la cual empezó a agrupar a docenas de militares, y tres aviones Hércules C-130 para la misión de rescate. Pero las temperaturas en el Polo ya eran demasiado frías para los C-130. La misión fue anulada, y la NSF buscó otra alternativa: las Twin Otters de Kenn Borek.

Según Falkner, esas avionetas están certificadas para volar a temperaturas de hasta -75 °C. Sus sistemas son mucho más simples que los de los C-130, y requieren menos combustible –lo cual es esencial cuando hay que calentar cada litro de combustible para poder volar-. En las bajas temperaturas del Polo, la gasolina se congela en una gelatina inútil. Al igual que la grasa en las bisagras y engranes del avión. Las tormentas invernales pueden aparecer y crecer en un instante. Y si algo sale mal, los pilotos tienen que aterrizar en un terreno desconocido y en completa oscuridad.

Todo lo anterior pasaba por la cabeza de Loutitt mientras se preparaba para su misión austral. Ya había volado a Amundsen-Scott antes, y ha realizado infinidad de vuelos durante la noche polar del norte al círculo polar ártico. Pero esto era diferente.

“Eres el único avión volando en todo el continente” dijo, “tienes que estar preparado a ser completamente autosuficiente si algo sale mal”.

Afortunadamente, el viaje fue relativamente sencillo. Después de horas de volar en oscuridad, Loutitt y su tripulación finalmente lograron divisar un brillo de luz debajo de ellos, eran los barriles de gasolina que indicaban una pista de aterrizaje improvisada por los trabajadores de la estación del Polo Sur. Habían llegado al fondo de la Tierra.

El doctor sustituto desembarcó, y el convaleciente Shemenski subió a bordo de la avioneta. Pero mientras encendían los motores, la tripulación se dio cuenta que no podían despegar. Los esquís del Twin Otter se habían atorado con el hielo del suelo, y la grasa de los flaps de las alas se había congelado, dejándolas completamente extendidas. Mientras los trabajadores de la estación rompían el hielo de los esquís, el mecánico del avión reajustó los controles para que pudieran despegar. Fue uno de los despegues más largos y lentos que cualquiera de la tripulación había intentado, pero eventualmente, lograron emprender el vuelo.

El viaje de regreso a Rothera fue una experiencia única para Shemenski.

“Durante la parte inicial, cuando estás en la oscuridad, casi no sientes el movimiento porque difícilmente logras ver algo en el exterior”, recordó. “Todo estaba negro”.

De repente, una delgada línea rosa apareció – había luz en el horizonte.

“Fue realmente hermoso verlo crecer” le contó el copiloto Mark Cary a la televisora canadiense CTV en un documental acerca de la misión. “Fue como un regalo y una señal de que todo iba a estar bien, y de que íbamos en la dirección correcta”.

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Un participante del Proyecto Estadunidense del Antártico disfruta una caminata durante la luna llena en la estación Amundsen-Scott del Polo Sur. El Polo Sur tiene una oscuridad total durante el invierno. (Calee Allen / NSF).

 

Cary y Loutitt repetirían el viaje dos años después, cuando Barry McCue, un oficial de seguridad y salud ambiental contratado por la empresa Raytheon Polar Services, desarrolló una grave infección en la vesícula. En esta ocasión, Shemenski era el director médico de Raytheon, y él ayudo a coordinar el rescate.

McCue y la tripulación que lo rescató, lograron salir del continente congelado a salvo, y McCue se recuperó sin complicaciones de una cirugía realizada para tratar su infección.

“Se podría decir que se están volviendo mejores en planear los rescates” le contó McCue al Antartic Sun, un periódico dirigido por la NSF. “En mi caso, lo único que se hizo fue sacar el plan anterior del estante, desempolvarlo, y organizar a la gente”.

A pesar de esto, cualquier misión hacia el más oscuro y lejano lugar de la Tierra es riesgosa. Si la NSF decidió que el rescate es la mejor opción, debe de significar que la gente en la estación está realmente muy enferma, dijo Shemenski.

Las Twin Otters deben de estar llegando al continente antártico hacia el final de la semana. Pueden seguir su trayecto aquí.

 

Publicado originalmente en el Washington Post el 16 de junio del 2016. Traducido por Agustín Ávila.

Actualización: El 21 de junio la NSF confirmó que el Twin Otter llegó con éxito a la estación del Polo Sur. Los pilotos descansarán 10 horas antes de emprender el viaje de vuelta.

El Twin Otter abandonó el Polo Sur con el trabajador que necesita atención médica.

¡Están a salvo! EL Twin Otter llegó a la estación de Rothera con los DOS pacientes a bordo.

 

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