Los humanos hemos logrado conquistar todos los rincones del mundo no porque podamos adaptar nuestro cuerpo directamente a todos los ambientes, sino porque nuestro comportamiento es muy flexible y permite que nos adaptemos. Podemos aprender a construir iglús y cazar focas, y a distinguir las plantas venenosas de una selva de las que podemos comer con seguridad. Pero no somos la única especie capaz de estos cambios de comportamiento, las orcas son nuestro espejo en el mar.

Las orcas han conquistado todos los océanos, y lo han logrado gracias a que tienen una cultura que transmiten de generación en generación. Estos mamíferos marinos suelen vivir en un área fija en grupos bien establecidos de cientos de individuos, cazando una presa en especial con una estrategia sofisticada y específica. Hay grupos que cazan algún tipo particular de pez y otros que prefieren el sabor de las focas. Pero la manera de cazar a sus presas es la misma e implica un trabajo de equipo coordinado en el que cada una desempeña una tarea distinta.

Lo anterior no es instinto, los juveniles –que pasan varias décadas dentro del mismo grupo aun ya siendo adultos– deben aprender las técnicas de caza a partir de la observación de los demás miembros de su manada. Los científicos que estudian a las orcas ven estos comportamientos como una cultura propia de estos cetáceos.

Andrew Foote y su equipo de trabajo –que incluye a la mexicana María C. Ávila Arcos– de la Universidad de Bern en Suiza, analizaron 50 genomas de orcas de cinco distintos grupos sociales de distintas poblaciones, y encontraron que las divergencias en sus genes se pueden agrupar en los mismos cinco grupos del estudio. Algunos genes con funciones específicas –como los relacionados con la dieta– difieren mucho en cada grupo. Estos resultados se reportaron en un artículo publicado en Nature Communications el 31 de mayo.

Los genomas de las orcas también cuentan cómo se van formando los grupos sociales. Un subgrupo de decenas de individuos se separa de su grupo original y busca un nuevo ambiente para colonizar, ello implica la caza de un nuevo tipo de presa y por eso la flexibilidad en el comportamiento es clave. Las orcas tienen que aprender a cazar a un nuevo animal, tender una nueva trampa, comunicarse y coordinarse para ello, además de transmitir ese conocimiento a las nuevas generaciones. Ésta es la cultura de las orcas.

Orcinus orca –su nombre científico– es una especie muy nueva, apenas con 200,000 años, un parpadeo evolutivo. Pero su estructura social y su cultura han moldeado su evolución dejando huellas profundas en su genoma en muy poco tiempo, tanto que algunos científicos proponen que no se trata de una sola especie, sino al menos de tres. Aunque se sospecha que otras ballenas, así como otros primates, también tienen huellas culturales en su genoma. Éste es el primer estudio que encuentra dichas huellas fuera de los humanos, y muestra que hay al menos una nueva cultura que podemos celebrar y de la que podemos aprender.

Referencia: Andrew D. Foote, Nagarjun Vijay, María C. Ávila-Arcos, et. al. “Genome-culture coevolution promotes rapid divergence of killer whale ecotypes” Nature Communications. 31 de mayo 2016

Imagen: NOAA Photo Library https://www.flickr.com/photos/noaaphotolib/5036399325/in/photostream/- Bajo licencia de CreativeCommons https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/

Originalmente publicado en Cienciorama.

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