No es fácil tener un cuello largo. Es verdad que la jirafa tiene una elegancia sin comparación cuando se pasea por la sabana africana viendo a todos desde los cuatro –y hasta seis- metros de altura. Pero no es asunto sólo del cuello que separa la cabeza del tronco de manera exagerada, todo su cuerpo ha debido adaptarse a tal circunstancia. El cerebro es un órgano que requiere de mucho oxígeno y éste se transporta a través de la sangre; para que ésta ascienda a lo largo de dos metros de cuello se requiere un gran y fuerte corazón, que además trabaja a marchas forzadas todo el tiempo. Las jirafas tienen una presión sanguínea que dobla la de cualquier otro mamífero.

Ésta y otras adaptaciones son bien conocidas por los biólogos que han estudiado a estos animales y saben lo que implica ser jirafa. Actualmente, un grupo de científicos de Kenia, Tanzania y Estados Unidos, dirigidos por Morris Agaba y Douglas Cavener, del Instituto de Ciencia y Tecnología de Tanzania, decidieron averiguar no sólo qué implica ser una jirafa, sino conocer cuáles son las instrucciones para hacer una. Para lograrlo secuenciaron el genoma de dos jirafas de la Reserva Nacional Masai Mara en Kenia, y otra del Zoológico de Tennessee, Estados Unidos. El genoma indica cómo hacer una jirafa, pero no es tan fácil seguir el manual, hay que saber en qué se diferencia de otros manuales genómicos de instrucciones. Por esta razón, el grupo de investigación también secuenció el genoma del okapí, el pariente más cercano a la jirafa, parecido a una cebra con cuernos, y con un cuello proporcionado a su cuerpo.

Comparando los dos genomas, más otros ya secuenciados previamente de otros mamíferos como el humano, los investigadores encontraron 70 genes que dan fuertes señales de cómo se dio la adaptación. Algunos de estos genes regulan el desarrollo de todo el sistema cardiovascular y otros son más específicos. El cuello de las jirafas tiene el mismo número de vértebras que el tuyo, también sus largas piernas tienen los mismos huesos que las tuyas, pero “Para alcanzar su extraordinaria longitud, las vértebras y huesos de las piernas de las jirafas a lo largo de su evolución crecieron enormemente y al menos dos genes están involucrados: uno que especifica exactamente cuáles huesos debieron agrandarse y otro que se encarga de alargarlos”. Dos sencillas instrucciones para construir los andamios de una jirafa, según Douglas Cavener.

Pero algunos de los secretos de las jirafas aún quedan sin resolver. Sus hojas favoritas son las de las acacias, árboles bastante comunes en su hábitat, sin embargo resultan tóxicas para otros animales. Los investigadores saben que la receta para hacerles perder su toxicidad está dentro del genoma de la jirafa, pero no han logrado descifrarla.
Con la ayuda de editores de ADN como CRISPR/Cas9 (ve “De producir un yogurth a editar un genoma. La historia de CRISPR”), estos investigadores buscan introducir distintos genes de jirafa en ratones para poder conocer en detalle los efectos de los 70 genes, y terminar de descifrar el misterio de las jirafas.

Conocer más de las jirafas también ayudará a conservarlas, ya que sus poblaciones han disminuido un 40% en los últimos 15 años, y sería una pena perder a un animal con un corazón tan grande.

Fuente: Morris Agaba et al, “Giraffe genome sequence reveals clues to its unique morphology and physiology” Nature Communications. 17 may 2016. http://www.nature.com/…/1…/ncomms11519/full/ncomms11519.html

Imagen: “Jirafa ardiendo” (Detalle) Salvador Dalí. Óleo. 1937. http://25.media.tumblr.com/tumblr_lztpieiHp51qbzq4no1_1280.…

Acerca de CRISPR/Cas9: “De producir un yogurth a editar un genoma. La historia de CRISPR”. http://www.cienciorama.unam.mx/…

Publicado originalmente en Cienciorama.

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