Los humanos estamos llenos de bacterias por dentro y por fuera, las llevamos a todos lados todos los días. Normalmente nos ayudan mucho: nos ayudan a digerir comida, a cerrar mejor las heridas y a defendernos de parásitos y enfermedades. Pero los humanos no somos los únicos que contamos con esta nube de bacterias o microbioma, todos los animales –mamíferos, aves e insectos, etc.–, hongos y plantas poseen un microbioma. Debido a la cercana relación que llevamos con estas bacterias es importante conocer lo más posible acerca de cómo son sus interacciones no sólo con nosotros, sino con el resto de los seres vivos.

Fabiola Miranda, estudiante de doctorado del Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM, decidió estudiar cómo están conformadas las comunidades de un grupo de bacterias llamados rizobios. Éstos son un gran modelo de estudio para los ecólogos pues permiten conocer más de las relaciones entre plantas y bacterias porque los rizobios viven libremente en el suelo o se pueden asociar a una planta leguminosa y vivir dentro de ella en un tejido conocido como nódulo, que se encuentra en las raíces. Esta simbiosis es de gran importancia, ya que dentro del nódulo los rizobios son capaces de tomar el nitrógeno de la atmósfera y transformarlo en amonio, para que después pueda ser usado en la construcción de proteínas y ADN.

Entonces hay que estudiar el suelo, las raíces de las leguminosas y sus nódulos, pero el reto no se queda ahí, hay distintos ecosistemas donde pueden vivir los rizobios. Por esta razón Fabiola Miranda estudió el suelo de la selva baja caducifolia –un ecosistema donde la gran mayoría de la vegetación está representada por leguminosas– y el de una milpa, donde el frijol es la leguminosa por excelencia. “Trabajar con muchas variables demanda mucho cuidado, talacha y dedicación” nos comenta Fabiola.

¿Cómo afectan las condiciones del suelo y la diversidad de los rizobios a la simbiosis con la leguminosa? “En este trabajo demostramos que en suelos con características similares, la planta es la que ejerce una mayor presión de selección. Pero hemos visto que en suelos ácidos o alcalinos la historia cambia. Este conocimiento es importante para la toma de decisiones sobre los cultivos, ya que lo ideal es conocer qué se está plantando –cuál variedad de frijol, por ejemplo–, cuáles son sus gustos rizobianos y qué es lo que está en esos suelos”, señala Fabiola. De la misma manera, tomando en cuenta las características del suelo y de los rizobios presentes, se pueden elegir cuáles serían las mejores leguminosas para reforestar los parches de selva baja caducifolia que se encuentran degradados.

El trabajo de Fabiola, publicado el 23 de septiembre en la revista Environmental Microbiology, sólo es una punta de lanza en un campo de estudio que está creciendo mucho “Sin duda aún falta mucho por estudiar de la ecología de los rizobios; tras 30 años de estudiarlos, aún no conocemos del todo sus roles en el suelo. Con este trabajo queremos hacer una invitación a realizar más estudios integrales acerca de la diversidad de éste y otros grupos microbianos”.

Cada vez hay más urgencia de conocer cómo son las relaciones de los microbios con el resto de las formas de vida, finalmente este planeta les pertenece a ellos, si queremos sobrevivir de la mejor manera, tenemos que entenderlos.

Fuente: Fabiola Miranda-Sánchez, Javier Rivera and Pablo Vinuesa. “Diversity patterns of Rhizobiaceae communities inhabiting soils, root-surfaces and nodules reveal a strong selection of rhizobial partners by legumes” Environmental Microbiology. 23 september 2015.

Imagen: Leguminosa con nódulos en las raíces. Fotografía: Fabiola Miranda Sánchez.


 

Publicado originalmente en Cienciorama.

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