En este artículo trabajé mucho más de cerca con el equipo de límulus. El texto en sí partió de dos eventos distintos, una entrevista que le hicimos al Dr. Antonio Lazcano en su laboratorio, y una plática que dió el mismo Lazcano junto con el periodista Carl Zimmer en El Colegio Nacional. El artículo es sobre las historias de la ciencia, sus propósitos y deberes con la sociedad. También incluye el video con la entrevista, debo de agradecer mucho a Priscila Vanneuville y Ulises Fierro por la edición, les quedó muy padre. Y también a Mar Gámiz y todo el equipo de límulus por esta oportunidad. Las fotografías son de Claudia Becerril.

Algunas historias de la ciencia son acerca de triunfos casi épicos sobre algún problema, como poner a una persona en órbita o llegar a la luna. Algunas son correcciones, o nuevas respuestas a las mismas preguntas, como la existencia de nuestro ancestro Neanderthal. Algunas son historias acerca de preguntas, preguntas que sabemos que nunca vamos a poder responder. A este último tipo de historias es a las que Antonio Lazcano Araujo ha dedicado su vida académica.

¿Cómo se originó la vida en la Tierra? El Dr. Lazcano sabe que nunca va a conocer a detalle la respuesta a esa pregunta, nunca va a poder recrear, ni él ni nadie, el momento preciso en el que se formó la vida en el planeta. Pero en el camino a ese horizonte inalcanzable, “aprendo muchas cosas, cambio el tipo de preguntas que me hago”, nos dice amigablemente, “Toño”, como lo conocen en en laboratorio que preside de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Y así hace su historia, persiguiendo un Santo Grial a la respuesta del origen de la vida.

La trinchera científica de Antonio Lazcano no se limita a su laboratorio, es un excelente profesor y un ávido divulgador de la ciencia. En marzo de este año decidió invitar a uno de los mejores periodistas de ciencia en Estados Unidos, Carl Zimmer, a tener una plática en otra de sus trincheras, el Colegio Nacional, del cual es miembro. Uno de los temas de esta plática, llamada “Diálogos sobre la evolución”, fue justamente el del origen de la vida en la Tierra. Carl Zimmer comentó que “es probable que lo que originó la vida en la Tierra haya venido de Marte. ¿Tú qué crees?”, dijo, mientras se volteaba hacia Lazcano. “Que no”, dice enfático, la base para la vida en la Tierra se originó en la Tierra. “Entonces olviden lo que acabo de decir”, contesta rápidamente Zimmer… algunas historias en la ciencia son historias en conflicto.

Algunas otras contienen mucho misterio dentro. Durante el diálogo con Zimmer, periodista que ha hablado de evolución por más de 35 años a través de artículos semanales en The New York Times, National Geographic, otras revistas y once libros, también se tocó el tema de los virus. Esos ínfimos sacos de información genética que  confunden un poco a quienes los estudian. Se encuentran sobre la línea divisoria donde empieza la vida. Zimmer aprovechó para preguntarle a su anfitrión: “¿Tú crees que los virus están vivos?” Lazcano contestó: “No sé, a veces se comportan como si estuvieran vivos y a veces se comportan como si no lo estuvieran” y después agregó con una risa poco disimulada, contagiosa, y mirando hacia el público “acabo de contestar como político, ¿verdad?”.

Pero ¿por qué a un científico de laboratorio le interesa invitar a cientos de personas a participar en una plática sobre la evolución?. Tal vez sea, en la analogía más zen que puedo encontrar, porque una historia que no se cuenta no existe, no tiene un propósito. No importa que nunca llegues al horizonte de tu pregunta, puedes contar la historia de lo que pasó en el camino.

Y a la gente le gustan las historias. Es una de las mejores maneras que tenemos de aprender. Pero también es cierto que, como dijo Carl Zimmer, “la gente está completamente fascinada por la ciencia”. Habrá quien le argumente ese punto al Dr. Zimmer; yo, después de ver el aula principal de El Colegio Nacional abarrotada con más de 250 personas, más las que se encontraban presentes en las demás aulas y jardines viendo la transmisión de la plática entre estos dos personajes, no puedo más que unirme a la opinión del periodista. La gente está completamente fascinada por la ciencia.

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No sólo estamos fascinados, muchas veces, lamentablemente, estamos excluidos de la ciencia. Por fortuna eso no representa una barrera muy grande, hay quienes no se conforman con escuchar una historia de ciencia, quieren un papel en ella, aunque sean cinco minutos. Antonio Lazcano no sólo invitó a Carl Zimmer a El Colegio Nacional, invitó a todos los que quisieran ir, y cumpliendo también un papel a la Andy Warhol, les ofreció un poco de protagonismo científico, ya sea exponiendo alguna duda específica, llamando a interrogación algún concepto, compartiendo una visión propia de la ciencia o, más importante aún, ejerciendo un derecho ciudadano.

Sí, la ciencia es un derecho. La ciencia es parte de la sociedad, y debe responder las preguntas que cualquier ciudadano le haga. Puede ser que la respuesta sea un simple “no lo sé”, o todavía mejor, “no lo sé aún”, pero la ciencia está obligada a contar sus historias, a compartirlas, y mediante ese mecanismo hacerlas parte de la sociedad, ahora, más informada, mejor preparada para escuchar y construir nuevas historias.

Antonio Lazcano ha escrito muchas historias científicas, y ha sabido contar de una manera extraordinaria muchas otras que no son de su autoría, con lo que nos deja ver que tal vez uno de los mayores logros de un científico es conseguir que las historias de la ciencia dejen de contarse como un soliloquio y pasen a la voz del coro.

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