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 Detalle de una miniatura, de “Flore de virtu e de costumi”, Italia (Padua?), 2° cuarto del siglo XV, Harley MS 3448, f. 10v.

La miel es de un color bastante parecido al del precioso metal dorado, una coincidencia que nos recuerda que es un tesoro no sólo para las abejas, que innumerables fábulas nos cuentan lo duro que trabajan para obtenerla, sino también para nosotros. Dentro del primer tributo que los españoles exigieron a los mayas en 1549 incluían más de tres mil kilos de miel y casi treinta mil de cera. En esa época, los mayas, quienes practicaban la apicultura desde antes del arribo de los españoles, eran los principales productores de miel de América y las abejas formaban parte de su cultura. Creían que había abejas especiales llamadas mulzencabob que les contaban al dios de las colmenas, Nohyumcab, y al dios de las abejas, Ah Muzencab, todo lo que sucedía dentro de sus colmenas y en su vida diaria.

En caso de existir, el gran dios de las abejas debe de estar muy preocupado, durante el invierno del 2006-2007 la población de las abejas utilizadas en la apicultura de Estados Unidos (Apis mellifera) empezó a sufrir grandes pérdidas. Colonias enteras morían durante el invierno a lo largo de ese país, y este fenómeno –llamado trastorno de colapso de colmenas- se ha repetido desde entonces todos los años y se ha expandido a lo largo del continente americano y en Europa.

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Detalle de un margen del Libro de Horas de Joanna I de Castilla, Países Bajos (Ghent?), c. 1500, MS 35313, f. 64v

Este trastorno no es nuevo en la relación que hemos llevado con estos insectos himenópteros, desde 1869 ha habido al menos 18 ocasiones en las que grandes cantidades de colmenas se han perdido sin que se puedan apuntar dedos hacia cuál es la causa de este fenómeno. Hay varios sospechosos, el uso de pesticidas con nicotina –o sustancias derivadas- parece confundir a las abejas, haciéndolas olvidar dónde se encontraba la comida o la localización de la colmena; las colonias que han sufrido el trastorno de colapso también suelen estar infectadas por uno o más parásitos y la pérdida o fragmentación de su hábitat también es parte de las heridas que silencian el zumbido de las colmenas de A. mellifera. Lo más probable es que no encontremos una sola razón o una sola herida fatal, la combinación de estos y otros factores parece ser demasiado para nuestras abejas trabajadoras.

Si bien no todo lo que brilla es oro, no todas las abejas son melíferas. Las abejas que cuidan los mayas desde antes de la conquista y hasta la actualidad son de la especie Melipona beecheii, son más pequeñas que las melíferas, más dóciles y carecen de aguijón, pero también producen una menor cantidad de miel, por lo que los españoles terminaron trayendo a las melíferas europeas para incrementar la producción del dorado tesoro. A pesar de pertenecer a un género diferente que las melíferas, las abejas beecheii también están presentando el trastorno de colapso de colmenas.

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Detalle de una miniatura de un bestiario con textos teológicos, Inglaterra, c. 1200 – c. 1210, Royal MS 12 C XIX, f. 45v.

Afortunadamente, por tipos de abejas no paramos, entre las abejas salvajes encontramos una gran diversidad de tamaños, colores, y costumbres. En el Reino Unido se encuentran las abejas helicofilias, o amantes de los caracoles, las hembras de esta especie sólo ponen entre cinco y siete huevos al año y los colocan al fondo de las espirales vacías que dejan atrás los gastrópodos que les dan el nombre. En Indonesia habitan las abejas más grandes del mundo, llegando casi a los cuatro centímetros de largo, y construyen sus nidos dentro de los nidos de las termitas. Las abejas cucú son parásitas de otras abejas, estas hembras logran escabullirse dentro de la colmena y dejan sus huevos para que sean alimentados por el polen recolectado por la colmena y en algunas ocasiones, una de las crías mata a la reina de la colmena y toma su lugar. Hay abejas que son todas amarillas, hay abejas verdes y azules, hay abejas que son del color de la cal.

Pero con las que decidimos involucrarnos nosotros, en diferentes culturas y lugares, fue con las que producen la dorada miel. La miel no sólo es un tesoro dulce, eterno, ya que nunca se echa a perder, es un símbolo, detrás de cada gota de miel está el contacto de las abejas con las plantas, el zumbido que lleva el polen a los ovarios para que crezca una semilla. Las abejas se encargan de polinizar una gran cantidad de plantas, en la selva Yucateca se calcula que el 40% de las plantas son polinizadas por abejas y puede llegar a haber hasta cien colonias de abejas por kilómetro cuadrado. Fuera de las selvas, también polinizan nuestros cultivos, las papayas, varios tipos de chile, el carambolo, sandía, coco, pepino, limón, fresas, manzanas, mangos, entre otros muchos son polinizados por las abejas, y varios sembradíos cuentan con sus propias colmenas para asegurar que se lleve a cabo el trabajo.

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Detalle de una pintura marginal de las Horas de Maastricht, Países Bajos (Liège), primer cuarto del siglo XIV, Stowe MS 17, f. 48r.

La probabilidad de que las abejas melíferas desaparezcan por completo es muy baja, existen colonias en casi todo el mundo y se está poniendo bastante atención a su cuidado. Pero sí estamos perdiendo la diversidad de otras abejas, abejas que son compañeras específicas de unas pocas o una sola planta y la polinización que ellas llevan a cabo tal vez no pueda ser reemplazada por el trabajo de las melíferas. Lo que quedará serán señales de las plantas, un olor parecido al de la abeja hembra, o su forma pintada en una flor para atraer al macho, pero no llegará ninguna respuesta.

Así que planten flores, eviten los pesticidas y esperemos que las mulzencabob puedan llevarles buenas noticias a los dioses de las abejas.


Esta es mi segunda colaboración en Límulus, ahora por encargo. Las abejas son un tema que está de moda, hemos escuchado y/o leído mucho acerca del colapso de colonias, pero las abejas son mucho más que las melíferas que usamos para polinizar cultivos y obtener miel, tienen una gran diversidad entre sus géneros y especies. Pero tampoco podemos negar la importancia que tiene para nosotros el colapso de las colmenas melíferas, así que el texto va y viene entre estos temas.

El título viene del libro de John Steinbeck The winter of our discontent, que a su vez viene de las primeras líneas de la obra de William Shakespeare, Ricardo III “Now is the winter of our discontent / Made glorious summer by this sun [or son] of York,“.

El equipo de Límulus hizo un muy buen trabajo encontrando las ilustraciones para el texto, que como es su costumbre, valen la pena por sí solas.

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